Entre criaturas míticas y personalidades históricas en la antigüedad china: Shanhai Jing (山海經 ) y Shiji (史記)
Por Julio López Saco
Historia y Sociedad // Nº 22, enero/Junio, 2026
La cultura china de la antigüedad, proclive a expresarse a través de la palabra escrita, ha desarrollado un significativo número de producciones literarias, que van desde los textos en hueso de las épocas del bronce, especialmente la dinastía Shang o Yin (商, 1750-1080 a.e.c.), hasta los grandes compendios clásicos de corte confuciano.
La orientación ético-moral confuciana de muchos textos conservados, así como su habitual institucionalización como archivos estatales, encubrieron elementos y motivos mitológicos y adoptaron un tono histórico que deseaba favorecer, y justificar, las acciones de la corte.
Es por este motivo que la mitología china se nos muestra de modo fragmentario, camuflada en las narraciones sobre procesos históricos en los que son muy abundantes los regentes y ministros sabios, fundadores, inventores y civilizadores, poseedores de un comportamiento virtuoso cónsono con el mandato del Cielo. La transformación de los motivos y estructuras míticas en una ortodoxia oficial por parte de los letrados confucianos se dirigió hacia la enseñanza de una ética y una moral directa e íntimamente vinculada con el modo óptimo de gobernar el territorio.
El proceso racionalista y humanista de los literatos suprimió, o más bien ocultó, aquello considerado simple artificio ornamental o sobrenatural, transmutando, en numerosas ocasiones, y con fines de hacer entendibles ideales, puntos de vista y conceptos abstractos filosóficos, el material mitológico y tradicional. En muchos casos, por consiguiente, la mitología arcaica, de despliegue oral, se convirtió en un relevante conjunto de leyendas históricas que abundan por doquier en los textos clásicos de época Zhou (周, 1080-221 a.e.c.) y en consideraciones de tenor simbólico en algunas obras de talante filosófico, como el Zhuangzi (莊子). Los mitos se historizan y sus agentes participantes empiezan a ser admirados como seres humanos ejemplares, fundamentalmente los soberanos y los egregios miembros de su corte.
Imagen: Ave Fénix de nueve cabezas, en ilustración del Clásico de las Montañas y los Mares en la edición en color de la dinastía Qing (Qīng Cháo, 清朝, 1644-1911).
Las fuentes históricas antiguas han sido directamente responsables de la transmisión de una particular imagen de China hacia el exterior, de estatismo y conservadurismo. La historia en su forma ortodoxa, política y éticamente útil para la clase dirigente, está conformada, básicamente, por una documentación oficial, que cubría las actividades del emperador y los diversos informes administrativos de los archivos estatales. Estos informes, reportes, diarios y crónicas, son el fundamento de las historias oficiales de las dinastías. El conservadurismo historiográfico se evidencia a través de su uso institucional. Los archivos eran directamente supervisados por un ministro letrado, de tendencia confuciana, a cuyo cargo estaban un indeterminado número de funcionarios-letrados que debían someterse a unas estrictas relaciones jerárquicas de poder, lo que estimulaba, como es de suponer, una opinión y una versión predominante.
La elaboración administrativa del material histórico explica el estilo pomposo, cancilleresco, de los textos, cuyo valor literario per se es, de este modo, no muy significativo. El adoctrinamiento confuciano, en fin, estimuló la adopción de los ideales de la clase ilustrada, cuyos fundamentos son de orden ético-moral, enfatizando por encima de cualquier consideración, el rol virtuoso del soberano, como padre de todos los súbditos, según el ordenamiento natural y los dictámenes del Cielo.
La moral y la conducta, más que la verdad histórica, se convertían en el hilo conductor de la historiografía, como mecanismo adecuado de comportamiento familiar, social y político (2). En este breve ensayo se quiere hacer hincapié, dentro del enorme legado literario de la antigüedad china, en dos obras capitales en virtud de sus informaciones de carácter mítico e histórico, respectivamente; esto es, el compendio cosmográfico y mitográfico Shanhai Jing, traducido como Libro de los Montes y los Mares, y Shiji, conocido como Registro o Memorias Históricas, escrito por uno de los más destacados y renombrados historiadores de toda la antigüedad china, Sima Qian (140-90 a.e.c.). (3)
Shanhai jing, cuyo corpus textual de geografía mítica fue reunido en el período Zhou tardío (Zhou Oriental, Dōngzhōu, 東周) y en época Han (Hàn Cháo, 漢朝, 206 a.e.c.-220) a partir de una variedad de fuentes de distinta época y origen, es un trabajo anónimo de transcripción mixta donde se reconocen las manos de, al menos, un par de copistas. No obstante, la autoría se atribuye, si nos atenemos a la tradición, al emperador Yu (禹), el fundador mitológico de la dinastía Xia (夏, entre 2050 y 1700 a.e.c.), o a Bo Yi (伯益), uno de sus ministros. Incluso se dice que es un mapa de los calderos ding (鼎) que Yu el Grande erigió en las provincias de China.
Las dos primeras secciones del libro pueden considerarse escritos taoístas. La primera parte trata sobre las montañas, su naturaleza y carácter, las plantas, los animales y los minerales, todos ellos elementos relevantes para el desempeño ideal de los chamanes taoístas que en ese entorno trabajan. Probablemente fue compilada durante los siglos IV y III a.e.c. La segunda parte trata sobre países extranjeros y sus habitantes; contiene muchas historias mitológicas y relatos sobre personas y animales extraños. Probablemente fue escrita a finales del siglo III o durante el siglo II a.e.c.
En la imagen se muestra una cabra de nueve colas llamada bodan (猼訑), con cuatro orejas y ojos en la espalda; un gallo llamado shangfu (尚鳥 o 付鳥), con tres cabezas, seis ojos, seis patas y tres alas; un zorro devorador de humanos de nueve colas; una paloma llamada guanguan (灌灌) y un pez con cabeza humana y voz de pato. Edición ilustrada de Jiang Yinggao (蔣應鎬) del Shanhaijing. Harvard Yenching Institute.
La función de este documento como texto mítico, cuya datación puede oscilar, por lo tanto, entre el siglo III a.e.c. y el I de nuestra era, es doble: presentar y explorar el mundo conocido, montañas, ríos y lagos, con sus respectivas flora, fauna y elementos religiosos, y aquel imaginado por los chinos del período clásico, y mostrarlo en su alcance mítico-geográfico, etnográfico y de historia natural, reuniendo y preservando, en última instancia, un ingente repertorio de narraciones míticas de diversos lugares, sin esconder las variedades, contradicciones y enigmas propios de los relatos mitológicos, especialmente de aquellos de la periferia, allende el centro civilizado, ordenado y jerarquizado (el propio territorio cultural chino).
En esta verdadera descriptio mundi, sus compiladores partieron de la idea de concebir la tierra dividida en tres rectángulos concéntricos: un territorio central, los cuatro mares, y un territorio salvaje que se extiende desde la orilla de los mares hasta límites indeterminados(4). La presencia en el texto de informaciones médicas populares y prácticas adivinatorias pudo motivar que en época Han fuese concebido como un manual de prodigios, aunque sin dejar de ser también admirado como un texto geográfico en esencia serio. Modernamente, sin embargo, ha sido catalogado como un recuerdo de exploraciones, un texto chamánico y hasta un conjunto de normas secretas de los fangshi (方士, nigromantes, adivinos), Qin (Qíncháo, 秦朝, 221-206 a.e.c.) y Han (5).
Su carácter de compendio mítico-geográfico libera, excepcionalmente, a esta obra, de la tendencia de todas aquellas que emplean el mito con el propósito de justificar ideales filosóficos, ceremonias rituales, ideales teórico-políticos o intereses historiográficos, hecho muy característico de la literatura confuciana. El origen del texto y de sus reseñas mitológicas y folclóricas, pudo haber estado, según algunos críticos modernos, en la proliferación de notas que explicaban las ilustraciones, mapas y pinturas de los lugares que son listados (6). En concreto, se ha mencionado que el texto derivaría de las representaciones de seres espirituales que usaban los chamanes del reino de Chu (Chǔ guó, 楚国).
Los primeros cinco capítulos conforman la parte más antigua, mientras que los capítulos del seis al trece pertenecen, casi con total seguridad, a la época Han, después del año 6 a.e.c., etapa clave en la que se sistematiza prácticamente todo el pensamiento chino arcaico. Los capítulos catorce al dieciocho son añadidos posteriores, probablemente del siglo IV.
Shiji o Memorias Históricas, de Sima Qian, del siglo II-I a.e.c., es considerado como la primera historia sistemática general de China, con cierto valor histórico (7), que incluye citas de acontecimientos concretos y biografías de los personajes más relevantes del largo período temporal que abarca desde los inicios míticos del remoto arcaísmo chino hasta la dinastía Han, contemporánea del autor.
Página veinticuatro del volumen once del Shiji, en edición de época Ming (明朝). Edición de You Ming (游明), Ming Tianshun (entre 1457 y 1464). Harvard-Yenching Library: T 2511 1273.
Se trata de la historia universal de la antigua China y la primera de las historias dinásticas oficiales (zhengshi, 正史). Es la primera historia de China escrita en un estilo biográfico-temático (jizhuanti, 紀傳體), en la que se combinan biografías de diferentes tipos, tratados y tablas.
El nombre original del libro era Taishigong shu (太史公書), El libro del gran escriba maestro o Taishiji (太史記), Registros del gran escriba. Ambos títulos derivan del cargo que ocupaban los dos compiladores; a saber, el de escribas y astrólogos oficiales de la corte dinástica (taishi, 太史) de la dinastía Han anterior (前漢, 206 a. e.c.-9), Sima Tan (司馬談), y su hijo Sima Qian (司馬遷, 145-86 a.e.c.), con nombre de cortesía Zizhang (子長).
Para la recopilación del Shiji, padre e hijo Sima hicieron uso de un vasto tesoro de fuentes. Para los períodos de Primaveras y Otoños (Chūn qiū shí dài, 春秋時代) y de los Reinos Combatientes (Zhànguó Shídài, 戰國時代), utilizaron fuentes asimismo conocidas, como el clásico confuciano Chunqiu-Zuozhuan (春秋左傳), el Guoyu (國語) y el Zhanguoce (戰國策), pero también fuentes perdidas hace ya largo tiempo, como el Chu Han chunqiu (楚漢春秋, que se conserva de forma fragmentaria) o el Shiben (世本), este último transmitido en varias versiones reconstruidas. Para los acontecimientos contemporáneos, disponían de fuentes de archivo.
En ciento treinta volúmenes se recogen biografías de reyes, generales, nobles y grandes dignatarios, abarcando los ámbitos político, económico, geográfico y social, además de mítico-legendario, incluyendo, asimismo, varias tablas cronológicas que fechan los reinados desde el siglo IX a.e.c. hasta los tiempos del autor y del emperador Han Wudi (漢武帝, coetáneo del historiador) (8). En época Han, precisamente, la obra adquirió el estatus de ortodoxa y oficial, como la verdadera y única versión de los eventos históricos, y como el modelo ideal de escribir la historia antigua. Su autor buscó la aprobación y justificación de los biografiados al vincularlos con los sabios míticos de la Edad Dorada de la antigüedad, Yao (堯) el emperador Shun (Dì Shùn,帝舜) y Yu el Grande (大禹), es decir, relacionándolos íntimamente con la genealogía divina.
Estos humanos semi divinos o suerte de emperadores-héroes de gran sabiduría, pudieran recordar las relaciones feudales entre señores y vasallos, o entre nobles en una administración casi de tono feudalista, donde gobernaba nominalmente el mencionado Yao. Los capítulos de la obra (como se mencionó, un total de ciento treinta), se dividieron en cinco grupos principales: anales imperiales, en doce juan (卷, capítulos), tablas, (diez biao, 表), que ofrecen la concordancia cronológica de los regentes de diferentes estados pre imperiales y genealogías de familias ennoblecidas; tratados, (ocho shu, 書), referencias históricas sobre aspectos esenciales para el buen gobierno, como la música, el ritual, la astronomía y la economía agrícola; las casas hereditarias de personas eminentes (shi jia, 世家), las más relevantes de la antigüedad, en treinta juan; historias de los grandes estados pre Qin, así como biografías de Confucio (Kǒngfuzǐ, 孔夫子) y de otras personalidades destacadas; y, finalmente, las biografías, setenta juan, de figuras prominentes (liezhuan, 列傳, biografías colectivas) que incluyen materiales e informaciones históricas de pueblos foráneos como los Xiongnu (匈奴), poblaciones nómadas, étnicamente no chinas, que parecen corresponderse con los Hunos que mencionan las fuentes occidentales.
El emperador Yao, uno de los cinco soberanos míticos. En la inscripción se lee: “La divinidad Yao, Fang Xun, era humano como el cielo mismo y sabio como un ser divino; estar cerca de él era como aproximarse al sol, mirarlo era como contemplar las nubes”. Pintura mural del santuario de Wu Liang (武氏祠), de la dinastía Han.
Las tablas del Shiji proporcionan información muy valiosa sobre las genealogías mitológicas de los antiguos emperadores (Sandai shibiao, 三代世表), la genealogía de los gobernantes regionales durante la época de Primavera y Otoño (春秋, 770-421 a.e.c.) y el periodo de los Reinos Combatientes, así como los acontecimientos políticos más importantes de la época, como puede ser la guerra entre Liu Bang (劉邦) y Xiang Yu (項羽) por el imperio (Qin-Chu zhi ji yuebiao, 秦楚之際月表).
Los tratados ofrecen una visión general de los asuntos más importantes del arte de gobernar. La mayoría de ellos sirvieron de modelo para las historias dinásticas posteriores, aunque el tratado sobre las ofrendas al Cielo y a la Tierra (Fengshan shu, 封禪書) es único, ya que muy pocos emperadores emprendieron el viaje a la cima del monte Taishan (泰山). Por su parte, las shijia o biografías de casas hereditarias son, en primer término, crónicas de los estados regionales del periodo Zhou. Sus títulos suelen incluir al fundador de la casa de un gobernante regional, en la mayoría de los casos la persona nombrada gobernante regional al comienzo del periodo Zhou.
Finalmente, se puede comentar que existen tres comentarios de relevancia (sanjia zhu, 三家注) sobre el Shiji. Se trata del Shiji jijie (史記集解), de Pei Yin (裴駰, del período Liu-Song 劉宋, 420-479), de 80 juan de extensión; del Shiji suoyin (史記索隱), de Sima Zhen (司馬貞, entre 679 y 732), de 30 juan de extensión; y el Shiji zhengyi (史記正義), de Zhang Shoujie (張守節, de finales del siglo VII), de 30 juan de extensión.
Notas: (1) Existen varias e impecables traducciones del Maestro Zhuang. Una de ellas, fácilmente adquirible, es la del P. Carmelo Elorduy, Chuang-tzu, edit. Monte Ávila, Caracas, 1991, en una versión bilingüe. (2) Puede consultarse al respecto López Saco, J., “La religión, la historia y el pensamiento oriental en India y China: inconvenientes y desafíos desde la investigación en Venezuela. Reflexiones en honor al P. Carmelo Elorduy s.j.”, en Religión e Investigación Social, UCAB, 2004, pp. 83-96, en especial, p. 86. (3) Acerca de estos textos pueden revisarse mis apuntes en “La mitología tradicional en la literatura china antigua”, Quincunce, nº 8, 2004, pp. 31-36, en concreto, p. 33 y 34. (4) Al respecto de esta distribución cosmográfica es interesante el trabajo de Fracasso, R., “Teratoscopy or Divination by Monsters: Being a Study on the Wu-tsang Shang-ching”, Hanxue yenjiu, 1, 2, 1983, pp. 657-700. (5) La palabra fangshi era más o menos idéntica a daoshi (道士), practicante taoísta. Sin embargo, el término también podía referirse a un médico, como se puede apreciar en el Canon interno del Emperador Amarillo o Escritura esotérica del Emperador Amarillo, Huangdi neijing (黃帝內經, en su parte Suwen, capítulo Wuzang bielun, 五藏別論). Wang Bing (王冰) comenta que un fangshi (方士) era alguien que tenía un profundo conocimiento de los métodos y habilidades (ming wu fang shu, 明悟方術). (6) El conjunto de ilustraciones más relevantes es el recopilado por Zhang Sengyou (張僧繇, pintor del estilo de tinta durante el reinado del emperador Wu de Liang,梁武帝) en el siglo VI, que incluye casi 250 representaciones en diez juan o capítulos. Véase, en este sentido, Loewe, M., Early Chinese Texts. A Bibliographical Guide, The Institute of East Asian Studies, University of California, Berkeley, 1993, en especial, p. 362. (7) Debe entenderse esta afirmación en el sentido de que, a pesar de la evidente parcialidad de los historiadores de la antigüedad china, éstos intentan seguir algunos patrones metodológicos de lo que puede considerarse como crítica histórica, refiriendo cronologías y abarcando diversos ángulos de las épocas tratadas, que van desde los aspectos socio-políticos, hasta los culturales y geográficos. (8) Aunque en Shiji no se incluyen los reinados y hechos destacados de más de cuarenta monarcas de las primeras dinastías, Xia y Shang, el tiempo histórico comienza con los reyes mítico-tradicionales Yao y Shun, a los que los primigenios y arcaicos dioses del panteón tradicional se someten. En síntesis, por consiguiente, estamos ante la primera historia dinástica que narra hechos acaecidos entre el patriarca chino Huangdi (黃帝, tercer milenio a.e.c.), y la contemporaneidad del autor, es decir, unos dos milenios y medio que incluyen recuerdos del Neolítico y la Edad de Bronce. La visión de este larguísimo período plantea un ángulo de reflexión político-moral que servirá de modélico paradigma para las ulteriores historias dinásticas. Es así como en estas Memorias Históricas encontramos evidentes referencias textuales al Shujing (書經) o Libro de los Documentos y a Mencio (孟子), lo que conlleva aires confucianos que subliman las virtudes de los buenos gobernantes y administradores, al igual que ocurre en Shujing. Véase al respecto, Hua, Z., Relación de las cosas del mundo (Ning, Y. & García-Noblejas, G., trads.), edit. Trotta, Pliegos de Oriente, Madrid, 2001, pp. 200-201, y Allen, H.J., (trad.), Ssuma Ch’ien’s Historical Records, The Journal of the Royal Asiatic Society, Londres, 1894, en especial, pp. 5-27. Esta última es una pequeña obra muy antigua, pero un verdadero clásico, en especial en lo referente a sus primeros capítulos, que contienen las peripecias de los primeros héroes y reyes míticos pre Qin; esto es, pre imperiales. (9) Se trata de un grupo de monarcas terrestres, frente a los anteriores soberanos celestiales. Estos reyes-sabios mitológicos terrenales son el fundamento de las Tres Dinastías; es decir, de los tres primeros períodos dinásticos en orden cronológico, Xia, Shang y Zhou. (10) Algunos documentos de Estado, tales como los edictos imperiales y los reportes de los oficiales, pudieron ser incorporados en la compilación inicial de Sima Tan (padre) y Sima Qian (hijo). En cualquier caso, serían empleados al lado de genealogías y diversas tradiciones locales de carácter oral. La división de capítulos fue adoptada en las historias dinásticas subsiguientes, como Hanshu o Libro de la Dinastía Han. Puede verse al respecto, el glosario comentado en Loewe, M., Faith, Myth and Reason in Han China, Hackett Publishing, Cambridge, 2005, en concreto, p. 214.